Catedral, de Raymond Carver: reseña

Catedral imaPor Silvia Madero

El hombre es tan sencillo y tan elemental que se ve afectado por cosas tan sencillas y elementales como él. Es decir, que a pesar de que se pueda dominar la teoría de lo que pasa a nuestro alrededor y justificar al mundo con los problemas que padece, al final de cuentas poco importarán las guerras externas ante las guerras internas, esas con que el hombre lidia día a día. Pues siguiendo la línea del escritor Fernando Pessoa en su Libro del desasosiego, diremos que estamos solos, siendo extranjeros aislados por el propio mundo que construimos desde dentro de nosotros mismos, mundo en el que aparecen los sentimientos más bajos y mundanos, esos que nos hacen ser humanos.

El escritor norteamericano Raymond Carver (1939) expone mediante su literatura al ser desde su lado más íntimo, y hace esto con gran maestría, pues no necesita de grandes escenarios o personajes faustosos. Carver parte desde los pequeños detalles y hace parecer que en su narrativa nada ocurre; sin embargo, al leerlo detenidamente podemos ver la profundidad de las cosas sencillas que le acontecen al ser humano. Catedral (1983) es un libro de doce cuentos que habla del hombre desde el hombre, a partir de su relación con otros seres, solo para hacer más evidente su soledad.

En este libro encontramos como eje central las relaciones de pareja, mas no de una manera romántica o idealizada, sino en la que un ser necesita a otro ser para justificar sus carencias. La relación amorosa es vista, en este libro, desde el quiebre, el punto en el que no hay retorno a lo que un día dos personas construyeron con amor, pero que se va desgastando con pequeñas cosas que habitan en la monotonía.

“Plumas”, el primer cuento de Catedral, narra la historia de dos parejas: Jack, el protagonista, y su esposa Fran, y Bud y Olla. Jack y Bud trabajan juntos, y aunque poco conviven, son buenos amigos. Bud invita a su amigo a cenar a su casa y este acepta y asiste junto a su esposa Fran. Este suceso es de suma importancia, pues además de que sobre él se desenvuelve el cuento, repercutirá simbólicamente en la vida de los protagonistas. Fran y su esposo se aman; no tienen ningún hijo, pues así lo desean. Lo que más le gusta a Jack de Fran es su largo cabello, pues dice que si se lo llegase a cortar ya no la querría igual. Estos puntos son muy importantes, ya que por insignificantes que parezcan, guardan lo elemental de los personajes.

Desde que llegan a la casa de Bud se percibe cierta extrañeza por el modo extravagante de vida de esta pareja. Bud y Olla tienen como mascota a un pavo real (animal favorito de ella); Olla conserva su antigua dentadura exhibida en el mueble de la televisión, una dentadura vieja y torcida (la cual fue reemplazada por una nueva gracias a Bud); y por último tenemos a Harold, hijo de este matrimonio, un niño que, según el narrador, es monstruosamente feo debido a su complexión gorda y a sus ojos saltones. Estas situaciones, percibidas como extrañas para Fran y Jack, funcionan como un agente de cambio en su relación, pues al terminar la noche algo ha mutado.

La narración da un salto al futuro (prolepsis) por medio del recuerdo de Jack acerca de esa noche. Ahora él y Fran están distintos: tienen un hijo, Fran se ha cortado el cabello (punto importante), y ellos poco se hablan. La historia culmina y uno piensa no haber entendido nada, pero el cuento está lleno de símbolos que son pistas certeras para el entendimiento de este. Bud y Olla eran una pareja especial que a pesar de sus extrañezas, se amaban con un amor genuino, representado este por la figura del hijo (amorfo y feo), al que querían ciegamente. Por otra parte tenemos a Fran y a Jack, quienes al parecer, solo estaban unidos por banalidades que salieron a relucir el día de la cena, como un catalizador al quiebre de la relación.

En la narrativa de Carver los símbolos también aparecen como objetos. Esto lo podemos ver en el cuento “La casa de Chef”, que narra la historia de Wes, quien le alquiló una casa con vista al mar a Chef, un alcohólico en recuperación. Wes, quien también fue alcohólico, le pidió a su ex mujer (Edna) que se fuera a vivir con él de nuevo, con la promesa de que volvería a ser el mismo de antes. Edna aceptó y volvió a ponerse su anillo de bodas que no usaba desde hace dos años.

Las cosas comenzaron a fluir en armonía, Wes y Edna eran felices en la nueva casa con una ventana que tenía vista hacía el mar. Wes había dejado la bebida y Edna sentía que las cosas entre los dos volvían a tomar sentido. Sin embargo, esto acabó pues Chef les pidió que desocuparan la casa, la cual prestaría a su hija, quien recientemente se había separado de su esposo. Este hecho activaría la ruptura de Edna y Wes, ya que éste sentenció que ya nada volvería a ser como antes mientras corría la cortina de la ventana que daba al mar, como una metáfora del fin de la relación, pues lo que los mantenía juntos era la casa como símbolo de contenedor del amor.

Esta característica en Carver es muy interesante, ya que le da vida a los objetos y a su vez le da valor de objeto a los sentidos por medio de la metáfora. Así encontramos que la descomposición de una heladera puede significar el rompimiento de una relación, o el no detenerse en una estación del tren es la ruptura del cordón umbilical entre padre hijo; también tenemos que un beso de una desconocida puede ser señal de buena suerte o que un pastel echado a perder es señal de muerte.

Podría revisar cada cuento para explicar el símbolo que habita en cada uno de ellos, pero resultaría un tanto decepcionante, pues quitaría la maravilla de que el lector lo descubra por sí solo. Sí diré que en los cuentos de este libro de Carver encontramos dramas triviales, creados por personajes que pueblan la vida diaria, como desempleados, alcohólicos, infieles, ludópatas, pobres, entre otros, que son protagonistas de relaciones que deambulan entre el amor y el desamor.

Los personajes en Catedral están tan bien creados que persisten en la memoria del lector, a pesar de que Carver solo se dedicó al cuento y en este género no se obliga a detenerse en la construcción minuciosa de ellos. Los personajes siempre son nombrados y aparecen, casi siempre, desde el principio de la historia. Además, son tan variados como originales. Así tenemos a un pastelero que puede ir del enojo al llanto, a un solitario alcohólico que guarda una botella de champagne atrás del escusado o a un ciego que tiene más noción de las cosas que hombre que puede ver. También tenemos a mujeres (punto sustancial de la narrativa de Carver) que son valientes, aunque a veces sumisas, mas siempre amorosas.

Raymond Carver no hizo más que exponer las historias que encontró a su alcance, pero de una manera inigualable (pues en lo personal, opino que Carver es uno de los mejores escritores que ha dado la tierra), y en esa exposición también va incluida la exposición propia: Carver fue una persona que trabajó en diversos trabajos insignificantes antes de ser escritor, gustaba del alcohol y tuvo un romance de vida con la poeta Tess Gallagher, así que parte de su vida puede vislumbrarse audazmente en su narrativa.

En 1988, antes de cumplir los cincuenta años, Raymond Carver partió de este mundo, pero dejo un gran legado por medio de su literatura, en la expone al hombre como un ser solo y perdido, pero con una luz esperanzadora que aparece al final de su camino.

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