De malditos y marginados: el lado oscuro de la poesía

Baudelaire 2Por Silvia Madero

Hablemos ahora del lado b de la poesía, el que crece en el arrabal de una moralista sociedad de prohibición. Hablemos de la poesía del mal y de sus creadores: los poetas malditos.

Desde que el hombre, influenciado por la cultura eurocéntrica, delimitó al mundo mediante el pensamiento binario no hizo más que convertir moralmente en dualidades todo lo existente. Como principal dualidad, el bien y el mal en constante lucha.

A finales del siglo XIX, Francia concedió al mundo un grupo de poetas excelsos que retrataban la belleza vista desde otra óptica, una belleza atípica, lejana a la creada por occidente (refiriéndonos a Europa) y sus ojos de juzgamiento.

El poeta francés Paul Verlaine nombró como poetas malditos a Tristan Corbiére, Stéphane Mallarmé, Marceline Valmore, Auguste Villier, Charles Baudelaire y Arthur Rimbaud; estos dos últimos fueron los máximos exponentes de esta vertiente estética.

La adjetivación de malditos que Paul Verlaine utilizó como título en su libro de ensayos fue tomado del poema “Bendición”, de Baudelaire.

Charles Baudelaire (1821–1867) poeta maldito, que hacía homenaje a su nombramiento llevando una vida bohemia y excesiva, es reconocido como el precursor del simbolismo y modernismo por romper de tajo con el naturalismo y realismo de la época.

Baudelaire supo combinar el romanticismo de Víctor Hugo y el lado gótico de Edgar Allan Poe, creando una mezcla exquisita entre sordidez y belleza. Esto se ve claramente en su más majestuoso libro: Les fleurs du mal, donde describe la beldad del mundo más áspero y bajo.

La mezcla de la divinidad y horror hecha poesía. Como ejemplo, el poema “Destrucción”:

A mi lado sin tregua el Demonio se agita;
En torno de mi flota como un aire impalpable;
Lo trago y noto cómo abrasa mis pulmones
De un deseo llenándolos culpable e infinito.

Toma, a veces, pues sabe de mi amor por el Arte,
De la más seductora mujer las apariencias,
y acudiendo a especiosos pretextos de adulón
Mis labios acostumbra a filtros depravados.

Lejos de la mirada de Dios así me lleva,
Jadeante y deshecho por la fatiga, al centro
De las hondas y solas planicies del Hastío,

Y arroja ante mis ojos, de confusión repletos,
Vestiduras manchadas y entreabiertas heridas,
¡Y el sangriento aparato que en la Destrucción vive!

Arthur Rimbaud, también poeta maldito y quien fuese pareja sentimental de Paul Verlaine, fue desde pequeño un monumental bardo. Rimbaud, perteneciente a los simbolistas, utilizaba puntualmente en su poesía la figura de la sinestesia, la cual indica una relación anormal entre los sentidos.

Los poetas malditos trajeron consigo un gran revuelo dentro del ambiente poético, tanto por sus escritos, que representaban la oleada de la nueva corriente del modernismo y simbolismo, como por sus vidas, llenas de oscuros placeres y excesos. Sus vidas y obras sirvieron como influencia para futuras generaciones.

Con la llegada de la primera mitad del siglo XX, llegaron también grandes cambios alrededor del mundo. El posicionamiento de Estados Unidos como centro junto con Europa, las distintas guerras civiles, la línea divisoria del comunismo-capitalismo. En fin, una serie de sucesos influyeron en la poesía, que, además de servir como medio de expresión ante lo que acontecía, fue un grito de rebelión y liberación del poeta sojuzgado y oprimido.

Generación decapitada

En Latinoamérica se vio fuerte la influencia de Francia por medio de los poetas malditos gracias a una generación de jóvenes ecuatorianos precursores del modernismo en su país.

Medardo Ángel Silva, Ernesto Noboa y Caamaño, Arturo Borja y Humberto Fierro fueron los integrantes de la generación decapitada, bautizados así gracias a que todos fueron autores de su muerte a mano propia.

Medardo Ángel Silva fue el máximo exponente del modernismo en Ecuador, aunque catalogado como un raro modernista gracias a su prosa exagerada y demasiado adornada.

Medardo plasmaba en sus poemas una fuerte carga de oscura melancolía, sus aletargados versos tristes eran sólo el atisbo de una muerte cercana. Su poesía murmuró su muerte a la tierna pero no inocente edad de 21 años. Prueba de esto, su poema “El alma en los labios”.

Cuando de nuestro amor la llama apasionada,
dentro de tu pecho amante contemples extinguida,
ya que sólo por ti la vida me es amada,
el día en que me faltes me arrancaré la vida…

La pluma de la generación decapitada vistió elegante para un final triunfal. Traje negro, zapatos de charol y corbata de seda negra y rayas blancas lo acompañaron a la casa de su ex pareja. Un revolver y un tiro en la cabeza aquel 10 de junio de 1919 terminaron con su poesía.

Generación del beat

Las guerras no solo traen hambre y destrucción: también traen arte y liberación. El Estados Unidos de posguerra lo comprobó. Ante un país vejado, incrédulo y en contra del comunismo, con ideas aún vigentes del Ku Klux Klan, una contracultura vio la luz entre las ruinas, espaciales y mentales.

La generación del beat es una clara muestra de la liberación del hombre por medio del arte. Fueron nombrados así gracias al concepto afroamericano beat, que remitía a golpeado, abatido y derrotado. Esta generación de escritores y artistas en general nació como estandarte de la liberación sexual y sensorial por medio de estupefacientes.

Entre la larga nómina de la generación encontramos a Allen Ginsberg, Jack Kerouac, William Burroughs, Neal Cassady, Gregory Corso y Lawrence Ferlinghetti, y a las mujeres Mary Fabilli, Diane di prima, Joyce Johnson, Elise Cowen y Marge Pieray, quienes lucharon por su liberación ante las fuertes críticas recibidas por estar lejos del estereotipo de la mujer como ama de casa silenciosa y modosa.

Los integrantes de la generación del beat fueron reconocidos como personas excéntricas y libres, quienes preferían habitar en la locura por medio de las drogas y escribir sus experiencias a vivir una mórbida realidad de prohibición.

Muchos de sus escritos no vieron la luz o fueron prohibidos una vez publicados, por su fuerte crítica hacia el sistema opresor. Estos seres marginados creían en la liberación psicosocial por medio de la imaginación.

Su arma más letal fue la palabra, que devenía de un pensamiento de contracultura. Allen Ginsberg supo mimetizar lo que ocurría dentro de la cultura norteamericana y hacer crítica de ello en muchos de sus poemas. Como muestra, este:

Dijo el esqueleto Presidencial 
No firmaré ningún proyecto 
Dijo el esqueleto Vocero 
Sí lo harás

Dijo el esqueleto Representativo 
Objeción 
Dijo el esqueleto Corte Suprema 
¿qué esperabas? 

Dijo el esqueleto Militar 
Comprad bombas estrellas 
Dijo el esqueleto Clase Alta 
Hambread a las mamis solteras 

Dijo el esqueleto Yahoo 
Parad el arte obsceno 
Dijo el esqueleto Derecha 
Olvidaos del corazón

 Así pues, la poesía no solo sirve como un medio meramente de belleza y vanidad que alienta el espíritu: la poesía es también medio de confrontación y rebeldía, es el recurso a la lucha de un pueblo y el sustento para el hambre de un hombre.

La poesía es el bien y es el mal. Es divinidad y marginación. La poesía es también de los poetas malditos.

Un comentario para “De malditos y marginados: el lado oscuro de la poesía”

  1. josé dice:

    Me gustan tus notas Silvia. Gracias por seguir ilustrandome y contribuir a llenar el vacío de mi ignorancia con cultura de peso específico. Un saludo, en Culiacán se te extraña.

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