El ser y el otro en “El posible Baldi”, de Onetti

onetti doble

Por Silvia Madero

El ser alberga dentro de sí a otros entes que difieren del yo principal; los alberga dentro de la conciencia.

El escritor uruguayo Juan Carlos Onetti (1909 – 1994) presenta en su narrativa la duplicación interior del hombre. Esto se puede encontrar en “Jacob y el otro”, El pozo, “Bienvenido, Bob” y La vida breve, entre otras de sus obras. Su pluma dibuja al hombre como un ser que existe en distintas formas.

En el cuento “El posible Baldi”, Onetti muestra las apariciones metafísicas de otros yoes dentro de una misma entidad.

En literatura, pocos son los estudios que han realizado sobre la figura del doble, ya que para poder adentrarse en el tema del doble o la alteridad en el ser se requiere hacer un análisis desde una perspectiva psicoanalítica, focalizando al ser y sus alteraciones.

La ipseidad del yo. Primer yo

Al disociarse el yo, se presenta la personalidad múltiple, donde aparecen distintas identidades que se muestran estructuradas y definidas. Estas personalidades pasan a ser en su momento el yo principal, y es ahí donde surge la identidad: “El yo es la identificación por excelencia, el origen del fenómeno mismo de la identidad” (Lévinas). Por medio del yo surge el otro que llega a ser el yo, la identidad en cuestión del ser.

En “El posible Baldi” se presenta claramente el fenómeno de la alteridad del yo por medio del personaje principal. Este pasa por tres yoes. Para que estas identidades surjan tiene que haber un catalizador de por medio. Dicho catalizador en este cuento es una mujer, la cual hace que Baldi muestre sus diversos dobles. La mujer persuade a Baldi para mostrar otro yo posible al hacerle saber que él es distinto a todos lo demás hombres:

“—Tan distinto a los otros… Empleados, señores, jefes de las oficinas… —las manos exprimían rápidas mientras agregaba—: Si usted fuera tan bueno de estarse unos minutos. Si quisiera hablarme de su vida… ¡Yo sé que es todo tan extraordinario!”.

Cuando la mujer enuncia que él es diferente, surge como catalizador en el cuento, pues se vuelve la fantasía de Baldi, infiere en su conducta y hace que la alteridad de su ser surja.

Es punto clave que sea una mujer la catalizadora para este personaje, pues ella  funge como la persuasión exacta del hombre y así puede desatar sus más implícitas fantasías. Ronald Laing dice: “La misma persona genuina infiere de la conducta del otro que esta conducta tiene un “significado” al cual el otro es ciego, y, en este sentido, el otro no puede “ver”, o “darse cuenta” de lo que implican sus acciones (las del otro)”.

Así pues, el uno (Baldi) es catalizado por el otro (la mujer), sin darse cuenta de que las acciones que ella realice influirán directamente en las suyas. Por medio del otro es como Baldi hace surgir tres distintos yoes bien logrados a lo largo del cuento, y deja como incógnita a otros más.

Como primer yo se presenta el Baldi original, un burócrata de vida monótona que camina por las calles restregando dos billetes que hay en el bolsillo de su pantalón. De este primer yo surgen los otros.

Onetti pone en evidencia que el ser tiene que valerse de otras identidades creadas para la plenitud emocional, pero al buscar al otro se niega el yo y este no existe.

El sujeto que se enuncia es. Segundo yo

El ser es sujeto del enunciado que enuncia, y al enunciarse es. El lenguaje oculta al sujeto en el deseo, que pasa a ser sujeto del inconsciente. El inconsciente se hace presente en el discurso de enunciación al tomar el papel del otro.

Para Lacan, el inconsciente aparece entonces en el decir, mientras que en lo dicho la verdad del sujeto se pierde y solo aparece con la máscara del sujeto del enunciado; para hacerse oír no le queda otra salida más que decirse a medias.

Por medio de la enunciación, el sujeto descubre en el inconsciente a otros, cubiertos con máscaras.

En el cuento, Baldi es enunciador de sus otros: los regula por medio del lenguaje, los crea y los mantiene en el yo que interactúa directamente con el mundo exterior. Este desdoblamiento solo es una proyección del primer yo, pero ocupa el primer plano. Baldi crea este yo con base en lo que el catalizador le dice.

El segundo yo es el que más aparece en la escena real. El catalizador anuncia que cree que Baldi será distinto a los demás y eso incluye ser transgresor, ser diferente a lo estipulado y regido por el sistema; por eso Baldi crea un otro que asesina negros, la raza contraria de lo que él es.

El segundo yo es creado por Baldi por medio del lenguaje, del discurso que enuncia. Una vida ficticia nace del verbo. Baldi nunca estuvo en Sudáfrica cazando negros, pero su discurso hace que esto para él sea una realidad. Es ahí donde el primer yo desaparece y aparece su proyección, el segundo yo.

Esta alienación de la que se habla es divisora entre el sujeto y el otro. Onetti colocó al personaje Baldi como creación de esta división de identidades. Es así como el posible Baldi se multiplica, creando diversas máscaras a sus yoes.

El ser y el otro. Tercer yo

El hombre se muestra mediante la alteridad y finalmente busca producirse. Baldi manifiesta finalmente su tercer yo frente a su catalizador. Este yo aparece después de la frustración de darse cuenta que solo se estaba engañando a sí mismo, pues la mujer a quien mentía sólo fungía como un deseo del inconsciente. Después de desprenderse de su segundo yo (cazador de negros en Sudáfrica), opta por elegir otra identidad:

“Volvió a saludar con la Mano, con el gesto seco que hubiera usado el posible Baldi, y se fue. Pero volvió a los pocos pasos y acercó el rostro barbudo a la mímica esperanzada de la mujer, que sostenía en alto los dos billetes, haciendo girar la muñeca. Habló con la cara ensombrecida, haciendo sonar las palabras como insultos.

—Ese dinero que te di lo gano haciendo contrabando de cocaína. En el Norte”.

Baldi finalmente vuelve a ser otro diferente al que realmente es: ahora es un contrabandista de drogas en el norte.

El doble se hace presente. Si bien el doble es la alteración no solamente emocional sino también física, al manifestarse el otro se envuelve en el rostro que lo crea y por lo tanto se transforma en doble. El rostro que forma parte del discurso.

Por medio de este discurso, que representa el rostro, aparece el otro; por lo tanto, el yo se niega, y es ahí cuando entra la elusión. La elusión surge cuando se aleja de uno mismo, del yo principal, para volcarse y convertirse en otro, otro que difiere de lo que soy: cuando el ser se finge, no es, y por lo tanto no existe, no pertenece ya a nada.

Onetti dibuja en su literatura al hombre que es la proyección de todos y demuestra que hay que ser para pertenecer; el hombre que se margina por medio de la negación gracias al otro, al desdoblamiento.

3 Comentarios para “El ser y el otro en “El posible Baldi”, de Onetti”

  1. josé dice:

    Venga que quiero hablar del tema, muy interesante, aunque no se cual yo lo piensa.

  2. Miguel Kertesz dice:

    Excelente nota sobre un ícono que muchos uruguayos aún desconocen. Toda la obra de Onetti se mueve sobre parámetros como los que describe Silvia Madero. Hay algo sobre “Jacob y el otro” en http://www.espectador.com/cultura/47408/jacob-y-el-otro-de-juan-carlos-onetti

    • Silvia Madero dice:

      Muchas gracias por el comentarios y por la lectura. Y muchas gracias por el dato, deja lo leo. Y es muy lamentable que lo desconozcan en su propia tierra. Sin duda, Onetti es uno de los escritores más relevantes de la literatura actual. Saludos.

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