Por amor al arte: entrevista a J. M. Servín

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Por Silvia Madero

J. M. Servín (Ciudad de México, 1962) es un escritor, periodista y editor de formación autodidacta. Publica en revistas y periódicos de circulación nacional y del extranjero, sobre ficción, periodismo y ensayo. Parte de su obra ha sido traducida al francés y al inglés. Es ganador del Premio Nacional de Testimonio 2001 y del Premio Nacional de Periodismo cultural Fernando Benítez 2004 en la categoría de reportaje escrito. Entre sus obras de ficción destacan las novelas Cuartos para gente sola, Por amor al dólar, Al final del vacío y el libro de relatos Revólver de ojos amarillos. En periodismo y ensayo ha publicado los siguientes títulos: Periodismo Charter, DF Confidencial, crónicas de delincuentes, vagos y demás gente sin futuro y Del duro oficio de vivir, beber y escribir desde el caos. Actualmente coordina el proyecto de periodismo narrativo Producciones el Salario del Miedo.

Su narrativa expone las voces ausentes de los personajes de un México atemporal. Sin colocarse como protagonista, muestra la visión del hombre habitual que camina sobre el asfalto mexicano. Sus historias autobiográficas y vivenciales llevan al lector a espacios agrestes, despiadados y decadentes. Servín entrelaza periodismo y literatura al ser el corresponsal de sí mismo y escribe desde su propia experiencia, mostrando que para escribir hay que hacerlo desde la realidad, pues esta casi siempre supera a la ficción.

J. M. Servín, es un amante del caos, en especial a la hora de escribir. No se considera esquemático ni presuntuoso. Es un escritor que utiliza la pluma como medio vital, y lo hace por amor al arte.

por amor al dólar¿Por qué retratas en tus libros el lado b de las cosas?

Pienso que cada persona entiende b y vive su realidad de distintas maneras. En este sentido solo tiene que ver con las historias o situaciones que a mí me quedan más cercanas, con las que me siento conectado de algún modo, por una cuestión personal de vida, pero también porque tengo un interés particular en el caos de la disgregación del individuo a partir de fenómenos como el hacinamiento humano, como la delincuencia. Creo también que es una manera de leer tu realidad, tomando una distancia o quizás eliminándola de lo que serían los discursos y las verdades ya preconcebidas, que se convierten en afirmaciones incontrovertibles. Un escritor está obligado a ver e involucrarse con su medio ambiente de la mejor manera posible. Confrontarse a él. Aquí es donde vivo y con ello busco construir mi obra narrativa.

Acerca de tu libro Por amor al dólar, narrado desde Estados Unidos, ¿cómo viste tu país desde fuera?

Fue muy importante aclararme las necesidades y carencias que hay en un país como este. La experiencia de estar en Estados Unidos me permitió verme a mí mismo desde un lado de la calle que yo no estaba acostumbrado a caminar. En mi experiencia en el extranjero, trabajé como indocumentado. Esto me permitió reeducarme, comprar libros, conocer bibliotecas. Cosas que aquí en México me había sido imposible de realizar, por limitaciones y trabas. El trabajo acá es un privilegio, no un derecho. También pude darme cuenta de que la situación racial de la que tanto se habla en México es más fuerte en este país que en Estados Unidos, solo aquí hay más sutileza, pues no es aceptado.

Al ser corresponsal de ti mismo, ¿en algún momento te sentiste expuesto?

No, pues no pretendía victimizarme ni hablar en nombre de algún grupo determinado. Yo quiero usar la literatura como una experiencia de vida. Lo que soy como individuo y como escritor. Narrar mi aventura, con los elementos de ficción que te da la literatura, para llegar a la novela. Busco terminarme de construir o afinar mi ambición de ser escritor. Pienso que no hay polaridades: todos son matices. Incluso en los momentos más desventurados se goza. Yo lo llamo ‘’venganzas poéticas’’ ante una realidad que siempre termina aplastándote. Esta lucha con el día con día también nos permite vivir.

¿Cómo se hace un escritor?

Hay gente que cree que solo hay que drogarse y emborracharse para ser escritor. No es cierto esto. El trabajo de un escritor requiere de mucho esfuerzo. Hay que eliminar estos mitos erróneos negativos. Hay tres vertientes respecto a los tipos de escritor, que vienen desde la historia de la literatura: un escritor desde esta perspectiva romántica que experimenta con todo y que va a los límites de la vida a través incluso de sustancias prohibidas; el otro, el escritor que vive en la biblioteca borgeana y que basa todo en su erudición, en el amor a los libros y que no sale de ahí; y, por último, el escritor vital que se involucra con su ambiente.

¿Qué tipo de escritor te consideras?

Yo me consideraría en esta última categoría, como un escritor que está en continua construcción y que como posee una imaginación muy limitada, necesita que la realidad lo alimente para escribir. Yo no podría pasar toda la vida en la biblioteca, necesito vivir. Vivo al día en todo. Prefiero el caos como posibilidad de crear que la sistematización del trabajo.

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Se sabe que uno de tus escritores predilectos es Jack London. ¿Por qué?

Jack London es un escritor que se hizo a sí mismo. Era autodidacta. Proveniente de una clase obrera, que es un poco mí caso. Digamos que es una figura paternal sustituta. En él he visto lo mejor y lo peor de un escritor. Él me ha dicho por medio de su literatura ‘’tú puedes hacerlo’’, sobre todo en Colmillo blanco. Me abrió esta posibilidad de hacer algo por mí mismo. Aunque no era tomado seriamente en muchos círculos: entre los grandes escritores, es un escritor menor.

Podría hablar de otros escritores másm como Revueltasm por ejemplo, uno de los escritores que más trabajo ha costado a la institución incluirlo. Por algo será. Su compromiso ideológico fue determinante, pero su literatura no es fácil: tiene que ver más con el aquí y ahora mexicano de lo que queremos ver.

¿Consideras a la literatura y al periodismo como crítica?

En general, el ARTE con letras mayúsculas es crítico, confronta su sociedad, su momento, su historia y sus individuos. Debe estar más allá de la moralidad.

¿Qué opinas de la juventud y su aportación creativa al arte?

Creo que los jóvenes son el laboratorio social por excelencia para poder hacer miles de teorías que finalmente se van cayendo, transformando con el paso del tiempo, en el caso personal, las cosas que hago es porque vengo de una generación del Do it yourself, esta idea de lo punk de que hay que hacer las cosas por uno mismo para ser un generador de propuestas. Creo que hay un flujo mediático que acentúa ciertos problemas donde no se proponen soluciones.

Háblanos acerca del proyecto Producciones el Salario del Miedo, que apoya nuevas plumas.

Primero, decir que no somos una editorial: nosotros hacemos ediciones sin calendarización ni presupuesto existente. Publicamos sobre periodismo narrativo, convocamos a gente que tiene algo que decir desde el periodismo con talento, con un estilo propio. Esto lo hacemos para abrir muchas ventanas de un México cambiante, con muchos contrastes y absurdos, que no solo es de claro oscuros, bueno-malo. Es un país donde pasan muchas cosas y hay que contarlas. Llevamos ya cuatro publicaciones: dos cuadernos y dos libros. No es un proyecto de plumas consagradas; es un proyecto para los raros del periodismo narrativo, para los que quieran arriesgar en su manera de entender la literatura y el periodismo.

¿Por qué usaron el género de periodismo gonzo para nombrar su libro de crónicas y reportajes periodísticos?

Fue una ocurrencia afortunada de una figura y leyenda de la contracultura estadounidense, Hunter Thompson. Un gran escritor que por sus circunstancias, por la época, su uso y abuso de las drogas y una personalidad ego maniaca, se consumió. Para nosotros es un punto de partida solamente, por ser irreverente y desfachatado. Trata de ir a contra corriente del canon periodístico, pues el periodismo narrativo de este país se entiende de una manera particular. Creo que están siendo acaparados los discursos y la manera de ser periodismo por un grupo personas e instituciones que no dan cabida a la irreverencia y al sentido del humor.

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